Hay personas que encajan con naturalidad en la vida que tienen. Siento que yo no. No porque sea mejor, ni más ambiciosa, ni más consciente. Simplemente porque algo dentro de mí se resiste a conformarse. A repetir días iguales, a vivir esperando el viernes, a sentir que mi energía se diluye entre horarios y rutinas que aunque agradezco profundamente con mi corazón, no terminan de llenarme. Desde siempre he querido crear. Hacer. Probar caminos paralelos. Apostar por proyectos que alimenten el alma, aunque no siempre el bolsillo. Y aun así, a mis 35 años, la palabra que últimamente siento que me acompaña es “fracaso”. No uno, sino varios. Repetidos. Silenciosos. De esos que no siempre se ven, pero se sienten y llega el día en que se llena la copa y duelen. A veces pienso que el universo insiste en devolverme al mismo lugar: el de la chica funcional, responsable, #LaChica8a5. Y no es una crítica. Conozco personas felices ahí, plenas, estables. Personas con vidas que fun...
Todavía hablo de esto y me duele... Han pasado ocho meses desde que mi bebé llegó a este plano físico (aunque para mí son 17), y no ha habido mes en el que no recuerde algún detalle sobre lo que les voy a contar a continuación. Como saben, soy una mujer con sobrepeso. Inicié mi embarazo con más de 100 kilos, y aunque para el final había perdido un poco más de 12, mi gestación siempre fue de alto riesgo. No solo por mi peso sino por factores como el SOP (Síndrome de Ovario Poliquístico) del que padezco desde hace más de 10 años. Cuando quedé embarazada, además de los pensamientos que la mayoría de madres podemos tener, yo sentía una angustia adicional: "estar embarazada con todo este peso a cuestas". ¿Qué iba a pasar con mi bebé? ¿Me podría morir? ¿Podría verlo en las ecografías? Puede sonar ridículo, pero cuando pesas lo que peso, nada de estos pensamientos son menores. Con todos los miedos e inseguridades propios del embarazo, más mi peso, llegué a mis primeras consultas ...