Hay personas que encajan con naturalidad en la vida que tienen. Siento que yo no. No porque sea mejor, ni más ambiciosa, ni más consciente. Simplemente porque algo dentro de mí se resiste a conformarse. A repetir días iguales, a vivir esperando el viernes, a sentir que mi energía se diluye entre horarios y rutinas que aunque agradezco profundamente con mi corazón, no terminan de llenarme. Desde siempre he querido crear. Hacer. Probar caminos paralelos. Apostar por proyectos que alimenten el alma, aunque no siempre el bolsillo. Y aun así, a mis 35 años, la palabra que últimamente siento que me acompaña es “fracaso”. No uno, sino varios. Repetidos. Silenciosos. De esos que no siempre se ven, pero se sienten y llega el día en que se llena la copa y duelen. A veces pienso que el universo insiste en devolverme al mismo lugar: el de la chica funcional, responsable, #LaChica8a5. Y no es una crítica. Conozco personas felices ahí, plenas, estables. Personas con vidas que fun...
La vida, la existencia, los pasatiempos, las historias.